La difícil historia del limpiaparabrisas

limpiaparabrisas antiguo

Los fabricantes de coches consideraban el limpiaparabrisas innecesario

Hoy en día nos parecería una locura ir a un concesionario, comprar un coche y que no viniese con limpiaparabrisas. O bien, que pudiésemos añadirlo como un extra pagando su precio. Pero la realidad es que durante muchos años fue considerado un accesorio innecesario, porque la historia del limpiaparabrisas no fue sobre ruedas.

El limpiaparabrisas lo inventó una mujer

A principios del siglo XX había un ritual que se repetía en las “carreteras” del mundo: los conductores aparcaban a un lado del camino de vez en cuando, y se bajaban del coche para limpiar el parabrisas con un paño. Un gesto que convertía el viaje en algo tedioso no solo en los automóviles, sino en cualquier tipo de vehículo. Y esto mismo es lo que le tocó vivir a Mary Anderson, la mujer que inventó el limpiaparabrisas, que, durante un viaje en tranvía desde Alabama a Nueva York, en un trayecto que se alargó demasiado por el mal clima, pensó que era necesario un artilugio para eso.

Nada hacía presagiar que Anderson, propietaria de ranchos, promotora inmobiliaria y viticultura, inventaría algo así. Pero como todos los grandes inventos de la historia, surgió de la casualidad de experimentar una necesidad en carne propia. Mary Anderson inventó un dispositivo que consistía en una palanca activada desde el interior del vehículo manualmente. En el otro extremo, tenía una lámina de goma que mantenía limpio el vidrio delantero sin necesidad de detener la marcha y bajarse del mismo.

Mary Anderson no ganó nada por su invento

En 1903 Mary Anderson registró su invento en la oficina de patentes, e intentó venderlo sin éxito a los fabricantes de automóviles, que lo veían como un objeto innecesario que incluso distraía al conductor. Aunque en parte, este rechazo de los fabricantes pudo deberse a que la precursora del invento era una mujer, y a que la venta de automóviles en ese entonces aún no se había popularizado. Lo cierto es que el contexto de la época no fue de gran ayuda.

Pero la salida al mercado del modelo T de Ford con un precio de venta mucho menor, condujo a la producción masiva del automóvil. Y aunque Henry Ford también rehusó inicialmente del limpiaparabrisas, terminó incorporando este accesorio a modo de prueba. Y a partir de 1908, todos los modelos de Ford tendrían este sistema.

El limpiaparabrisas pasó de ser un extra en un inicio, a ser un objeto de serie completamente necesario. Aunque desafortunadamente la patente de Anderson caducara sin tener ningún reconocimiento y sin generarle ningún rédito económico. Durante mucho tiempo, Mary Anderson no fue reconocida, ni tan siquiera, en los libros de historia.

Un pequeño cambio que hizo la diferencia

50 años más tarde de la patente de Mary Anderson, en 1964 el ingeniero estadounidense Robert Kearns patentó el modelo de limpiaparabrisas intermitente. Esto se debió a que, tras un accidente con el corcho de una botella, la visión de uno de sus ojos quedó afectada. Al solo poder ver por un ojo, el movimiento del limpiaparabrisas continuo le tapaba la carretera. Kearns presentó este limpiaparabrisas mecánico rediseñado a Ford, empresa que él admiraba, pero ésta lo encontró innecesario al considerar que no añadía nada relevante al invento ya existente. Sin embargo, la marca comenzó a incorporar el sistema intermitente en sus coches, y tras enfrentarse a Kearns en los juzgados, tuvo que indemnizar al inventor con 10 millones de dólares.

Kearns finalmente se disputó en los juzgados la propiedad de este invento con un total de hasta 26 empresas, entre las que estaban Mercedes Benz y Chrysler, G.M. La indemnización de esta última superó a la de Ford, alcanzando los 15 millones de dólares. De este modo, Kearns sumó su experiencia a la historia del limpiaparabrisas.

La hija del fallecido inventor llegó a afirmar que “Esta batalla fue su vida. Y disfrutaba con ella”. En su última etapa, Kearns sufría Alzheimer, y murió en 2005 a los 77 años de edad.

Y es que no es de extrañar que para los fabricantes resultase lógico incorporar a sus modelos algo que para nosotros es actualmente indispensable.

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