Conducir en invierno, mayor siniestralidad

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El cambio de hora está estrechamente relacionado con el incremento de la siniestralidad en carretera. La reducción de las horas de luz, afecta a nuestra conducción.

Un estudio realizado por un comparador un comparador de seguros 
pone de manifiesto cómo el cambio de horario y el consecuente aumento del cansancio, puede ocasionar distracciones y sueño que incrementan la siniestralidad en carretera.

El retraso de nuestros relojes producido a comienzos de noviembre trae consigo una hora más de descanso con el fin último de ahorrar luz. No obstante, esta es una realidad poco probada y que, además, afecta a nuestro bienestar físico y nuestro estado de ánimo.

Con el famoso “horario de invierno” invertimos más horas circulando “de noche” lo que trae consigo:

  • Reducción de la visibilidad de la vía
  • Mayor dificultad para ver otros vehículos
  • A esto habría que añadir las condiciones propias de esta época del año (niebla al amanecer, lluvia, heladas o nieve…) que dificultan la conducción e incrementan la distancia de frenado.

Todo ello, unido a la mayor sensación de cansancio que produce en sí mismo la ausencia de luz, supone un incremento notable del riesgo de padecer accidentes de tráfico.

¿Qué medidas tomar?

Circular con las luces de cruce

Una de las medidas más eficientes a la par que fáciles para incrementar la visibilidad en carretera, es la de circular siempre con las luces de cruce o las de luz diurna en su defecto; algo con lo que diversos estudios afirman que se podrían reducir en un 10% las muertes por accidente.

El espacio en el que es reconocido un vehículo en circulación con las luces diurnas apagadas es de, aproximadamente, la mitad que cuando circula con estos faros encendidos. Esta diferencia es más acusada aún cuando el color del coche es oscuro. Este simple hecho, incrementa notablemente nuestra capacidad de ser vistos por el resto de conductores incrementando la capacidad de reacción de los mismos.

Realizar un correcto mantenimiento del vehículo

Tener el vehículo a punto y realizar un correcto mantenimiento es otro de los mejores consejos para incrementar la seguridad de nuestra conducción.

CUIDA DEL TRIÁNGULO DE SEGURIDAD

Además de realizar en tiempo y forma los mantenimientos recomendados por tu fabricante, es recomendable que revises los elementos que forman parte del “triángulo de seguridad” y que no debes confundir con el triángulo naranja de emergencia.

Se consideran elementos del triángulo de seguridad aquellos que influyen directamente en nuestra conducción reduciendo la siniestralidad y que son:

  • Amortiguadores: Controlan los movimientos y aseguran la estabilidad permitiendo que el vehículo se mantenga estable. Te recomendamos su revisión cada 20.000 km.
  • Frenos: Para evitar sustos, lo ideal es que tanto los discos, como las pastillas de freno, se encuentren siempre en perfectas condiciones para que aseguren una correcta detención. Te recomendamos revisar su estado frecuentemente.
  • Neumáticos: Suponen el contacto del vehículo con la superfecie y debemos revisar su desgaste de manera periódica. Te recomendamos fijarte en que la banda de rodadura se mantenga siempre dentro de los límites legales y que conduzcas en todo momento con la presión recomendada por el fabricante.

Pero el cambio de horario afecta a otros aspectos

El retraso de la hora influye en nuestro reloj interno. Está probado que descansamos menos y que esta diferencia se acusa precisamente en el fin de semana en que se produce el cambio de horario. Y es que solemos aprovechar para alargar la noche confiados en esa hora de más del sábado al domingo que, realmente, aprovechamos peor incrementando con ello sus efectos negativos.

Aunque nos acostumbremos pronto, este cambio influye en el ánimo de la persona pues, como norma general, salimos a trabajar y volvemos de nuestra jornada de noche, aprovechando poco o nada las horas de luz entre semana, lo que produce un incremento del estrés.

La propia DGT (Dirección General de Tráfico), destaca éste como un problema grave que, además de poder derivar en patologías crónicas, incrementa el riesgo de accidente en carretera.

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