Coche conectado

coche conectado

Es una de esas innovaciones tecnológicas cuyos límites se desconocen. El coche conectado ya está cambiando nuestros hábitos de conducción y lo hará aún más en los próximos años.

Lo primero que se nos viene a la cabeza con el concepto coche conectado, son vehículos con acceso a Internet, pero, ¿qué implica realmente la conexión de los vehículos?

¿Qué es un coche conectado?

Aunque a priori haga referencia a la consideración del vehículo como un dispositivo que cuenta con conectividad a Internet, el concepto se extiende además al empleo de las tecnologías dentro del propio coche, incluyendo, cómo no, al cada vez menos futurista vehículo autónomo.

Lo más habitual y aunque se dan otras soluciones, es que el coche se conecte a una WLAN haciendo posible el tráfico de datos, la descarga y actualización de diferentes softwares o la comunicación con otros dispositivos IoT (Internet de las cosas).

De este modo, el coche deja de ser un medio de transporte para convertirse, además, en un dispositivo con acceso a sistemas de información y entretenimiento, de seguridad, navegación o de, entre otras funciones, diagnóstico de averías o incidencias, consumos o efectividad de la conducción.

¿Qué funcionalidades se derivan de la conectividad?

El coche conectado hará la conducción más inteligente, más fácil y, puede que lo más importante: más segura. Sus primeras aplicaciones se han basado en la conectividad entre vehículos (car-to-car) o entre éstos y las propias infraestructuras (car-to-infraestructure).

Estos vehículos fueron incorporando de forma paulatina las funcionalidades más habituales de nuestros smartphones incluyendo los sistemas de navegación e infoentretenimiento más habituales (música, geolocalización, búsquedas por voz…) que han ido haciendo de la conducción experiencias totalmente nuevas.

El desarrollo de las mismas, está propiciando actualmente grandes acuerdos entre las principales marcas de vehículos, compañías telefónicas y empresas tecnológicas, mejorando conjuntamente la experiencia al volante en un camino que lleva, no obstante, a algo que no a todo conductor gusta, la conducción autónoma.

Con las tecnologías 4G y 5G, nuestros coches pueden alcanzar una conectividad completa y convertirse en un punto WiFi que facilite la conexión de cualquier terminal a bordo a Internet.

Además, la conectividad hará del coche conectado un vehículo más seguro, con sistemas eCall de aviso a emergencias, obligatorios desde 2018 y que contribuirán de manera decisiva a la reducción de la mortalidad en carretera.

El análisis ya comentado de la conducción facilitará, por otro lado, información muy práctica a las aseguradoras, pudiendo ofrecer pólizas casi personalizadas basadas en el propio estilo de conducción. Además, esta monitorización del comportamiento del vehículo, facilita ya hoy el reconocimiento instantáneo de averías y la comunicación con el taller gestor de las mimas hasta llegar al detalle de la parte y/o componente afectado.

Indudablemente a estos y otros efectos, el vehículo conectado genera una enorme cantidad de datos que serán tratados mediante tecnologías BigData. Tendrá que superar pues grandes barreras, como el miedo al hackeo o la protección de datos personales, pero todo apunta que el coche conectado estará cada vez más presente en nuestro parque automovilístico, ajustándose de forma automatizada al comportamiento de cada conductor y a las preferencias de conducción de este y otros conductores habituales del vehículo.

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